Hipocresía

15 de enero de 2026
Por José Báez Guerrero

Es paradójico que liberales cuestionen la legalidad del combate de Estados Unidos contra el narcotráfico, pues nunca han criticado con igual entusiasmo la guerra contra ese país por los carteles apoyados por Estados que usan las drogas como armas de destrucción masiva.

Alegan violaciones a reglas de guerra, tratados y derechos humanos. Pero la acción bélica la inician los narcotraficantes y gobiernos declaradamente contrarios a los valores, intereses y seguridad de Estados Unidos.

A cualquier convenio internacional o ley interna, para su cabal interpretación y aplicación, debe aplicársele el criterio, para juzgar si se viola o no, puesto que la clase de guerra ofensiva (declarada para fines prácticos) que libran las entidades beligerantes no estatales como los carteles, es una situación nueva, inexistente al crearse esos tratados o leyes.

Destruir las lanchas de los narcos es la misma respuesta militar dada por la Unión Europea a piratas somalíes que secuestran o atacan barcos de carga en el océano Índico.

Ante el contrabando de alcohol durante la ley seca o prohibición, Estados Unidos creó unidades policiales especializadas (como Los Intocables), que improvisaban y se adaptaban a los métodos de los criminales para perseguirlos y combatirlos.

Los delincuentes poseen derechos, humanos y ciudadanos, pero quienes ponen en riesgo sus vidas atacando a una potencia no son niños cantores de Viena: ni merecen consideración mayor que lo que disponen las leyes y el sentido común.

El partidismo nubla el entendimiento al cuestionar la legalidad (de indiscutible legitimidad) del combate contra los carteles. Que algún político (incluyan a Petro y Maduro) sea un megalómano bully y delincuente convicto, no significa que todas sus acciones son ilegales o ilegítimas. Pero usar drogas como armas de guerra contra civiles desarmados sí lo es.

Quienes abogamos por imperio de la ley y debido proceso, tenemos en el narcotráfico a un poderoso enemigo que corrompe instituciones y corroe la estabilidad democrática.

Sus acciones criminales, con violencia mortal y lavado, son mil veces más dañinas que su persecución y eliminación por parte de militares gringos, que actúan en defensa de su país ante un estado de necesidad. Un país pequeño y débil como nosotros, muy dañado por el negocio de las drogas, debe aplaudir antes que atacar la campaña de Trump contra los narcotraficantes.

José Báez Guerrero

Abogado, escritor y periodista dominicano.

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