
La posibilidad de alcanzar un mayor crecimiento con continuada estabilidad ha recibido un gran impulso con el amplio plan anunciado ayer por el ministro de Hacienda para enfrentar la actual crisis de origen externo por la guerra en el Levante.
Es un alivio que no se aumente la tasa ni base del ITBIS ni la mayoría de los impuestos selectivos en vigor y que se excluya a las micro, pequeñas y medianas empresas de nuevos impuestos.
El país es afortunado de que grandes empresas que aportan la mayor parte del impuesto sobre la renta al parecer hayan consensuado con el Gobierno un aumento de tres puntos porcentuales durante tres años, que lo eleva a 30 % su tasa de ISR.
La medida excepcional y provisional es un sacrificio para unas mil empresas de las 140,000 que cumplieron con sus obligaciones fiscales en 2025, que equivale a menos del 1 % del total de empresas. Las demás auspiciosas disposiciones incluyen una amnistía fiscal, la esperada eliminación del anticipo del ISR para mipymes, congelación condicionada del precio de los combustibles (mientras el petróleo WTI no supere los US$95/barril) y otras.
Ojalá impulsen la economía con aumentos de la producción y el consumo e inflación controlada. Soy opuesto en principio a mantener indiscriminadamente los subsidios, llamados “programas sociales a sectores más vulnerables”, pues pudieran focalizarse mejor y —como en el caso de las EDE— son muy onerosos y contraproducentes fiscal y moralmente. Pero el momento no es el mejor para esa decisión tan pospuesta como necesaria. Una rosa es una rosa aun se llame con otro nombre, pero el Gobierno rechaza con razón que esto sea una reforma fiscal, pese a que tras la esperada aprobación congresual se prevé recaudar unos RD$50,000 millones adicionales este 2026.
Aun así, el plan anticrisis en sus cuatro aspectos, estimular el crecimiento, simplificación tributaria, la consolidación fiscal y combatir la evasión, luce mucho mejor pensado y consensuado que la anterior fracasada reforma. Será un gran éxito que logremos fortalecer a las mipymes, las finanzas públicas, la estabilidad macroeconómica, impulsar la inversión pública y los servicios esenciales. Si apostamos al optimismo, ganaremos.
