Educación

13 de diciembre de 2024
Por José Báez Guerrero

Creo que fue Hostos quien resaltó la diferencia entre la instrucción, impartida en un aula, y la educación, aprendida en el hogar con prédicas y ejemplos.

Sin educación no hay civismo ni cortesía posibles. Esa carencia, sumada a la deficiente labor de los maestros de la ADP en escuelas públicas (que comenté ayer), afecta toda la vida en comunidad de los dominicanos, especialmente en las vías públicas.

El Ministerio de Obras Públicas anunció varias obras dizque para mejorar el tránsito. Puede que sean necesarias, pero la raíz del caos vial es la ilegalidad impune y flagrante que imponen los falsos sindicatos de transportistas.

Desde irrespetar leyes, apropiarse de espacios públicos, andar en vehículos en pésimo estado (chatarra móvil), corromper autoridades, recibir subsidios y evadir obligaciones fiscales, todo se resume en barbarie y mala educación sólo corregible con implacable macana legal.

La dura legalidad subsana tardíamente la crianza silvestre. Esa falta de educación y buenas formas alcanza ya a oficios que anteriormente enorgullecían a empleadores y clientes, como la antigua Codetel y sus técnicos. Cualquier pelafustán maleducado logra empleo para el que se requiere don de gente, respeto para los clientes.

La instrucción es importantísima, pero no menos lo es la educación como fundamento del civismo para la excelencia ciudadana.

José Báez Guerrero

Abogado, escritor y periodista dominicano.

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