
Es notable que este y anteriores gobiernos han realizado un sincero esfuerzo para mejorar la pésima calidad de la instrucción básica y media en escuelas y liceos públicos. También es notorio que todo intento por buscar la excelencia es torpedeado o impedido por el nefasto sindicato de maestros, la ADP, cuyo único interés es el control político de las nóminas del Ministerio de Educación, de donde fluyen sus dineros.
Pese a esto, el Gobierno y entidades privadas como EDUCA intentan hacer lo que se pueda hasta que encuentren “del aquel” que aludía Santana para acciones heroicas. Por tanto, merece aplauso —al menos uno— que los ministros Yayo Sanz, de Industria y Comercio, y Luis Miguel de Camps, de Educación, inicien un programa denominado Embajadores STEM, para estimular a los futuros bachilleres a ampliar sus capacidades en las materias de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
Según las prosopopéyicas notas que vi en la prensa, dilucido que ambos ministerios captarán a empresarios ejemplares que sirvan como modelos o mentores de jóvenes interesados en las asignaturas de las llamadas ciencias duras. No estaría mal reforzar también la preparación de los demás estudiantes inclinados hacia las humanidades, pues la nación precisa también de profesionales que ayuden a los primeros a no perder el norte moral y ético.
Ojalá el anuncio no se quede como otra de tantas declaraciones de intenciones que de gatear no pasan a abrirse camino andando porque otras urgencias aplastan lo realmente importante. Nada más frustrante que un país donde todos sabemos qué toca hacer y lo hablamos sin concretar la acción necesaria.
