¿Qué los motiva a querer ser presidente?

17 de agosto de 2023
Por: José Báez Guerrero

La honestidad y decencia como lemas de campaña puede que sean poderosas herramientas de apoyo para la reelección de Luis Abinader, pero sus adversarios apelan a otros sentimientos muy arraigados en la cultura clientelista de la política dominicana, con innumerables votantes que quisieran participar del expolio de Erario.

            Hace pocos días Danilo Medina, impedido como candidato y apadrinando a Abel Martínez, arengó a los peledeistas diciendo que, si sienten agradecimiento, deben creer en Abel, aunque nunca lo vean, desafortunadamente comparando su retraimiento con la invisibilidad y ubicuidad de Dios.

            Horas después Abel produjo su primer milagro: dijo que “vamos a preparar más de cien millones de tareas (62,800 kilómetros cuadrados o km2) para que el dominicano pueda cultivar y los productos lleguen a buen precio”. El país tiene 48,442 km2, de los cuales según el Banco Mundial son cultivables sólo 8,816 km2, el 18.2%. Las focas aplauden sin preguntar dónde están los restantes inexistentes 53,984 km2, área ilusoria mayor que el territorio nacional.

            El otro candidato opositor, Leonel Fernández, en una rara alianza con el PLD, desafía impunemente disposiciones de la Junta Central Electoral acerca de las prohibiciones del proselitismo callejero fuera de los plazos permitidos, alegando que el Gobierno “presiona” a la JCE para “limitar las actividades de la oposición” e invocando el derecho constitucional a la libre expresión.

            La fiereza de Leonel, sin embargo, contrasta con su perfecto conocimiento de que los derechos constitucionales son regulados por la ley, para preservar el orden en aras del bien común. Hay libertad de tránsito, pero también licencias de conducir y matrículas con placas para vehículos. Las libertades de expresión ni actividades partidistas son derechos absolutos como la vida o la nacionalidad para quienes son dominicanos.

            Estos debates tan extraños y curiosos obligan a preguntarse, ¿para qué anhelan tan ardorosamente llegar al poder Abel, Leonel y Abinader? ¿Qué los motiva a querer ser presidente? 

Abel

            El caso del candidato del PLD es muy particular, pues pese a su exitosa labor como alcalde de Santiago al parecer no las tiene todas consigo dentro de su partido ni posee las tablas para organizar o dirigir eficazmente un equipo de campaña.

            Nació en Santiago el 21 de abril de 1972 y, antes de lograr prominencia dentro del PLD, como integrante de sus comités central y político, era poco conocido como maestro y licenciado en Derecho hasta que Leonel lo designó fiscal de Santiago en 1998. Electo diputado en 2002, en 2010 alcanzó la presidencia de la Cámara Baja. Fue elegido síndico de Santiago en 2016 y reelecto en 2020. Está casado con Nahioni Reyes y tiene tres hijos.

            El recelo dentro del PLD al parecer es porque tras quedarse dentro del partido cuando Leonel salió a fundar su FUPU disgustado por haber perdido unas primarias, sus compañeros de la dirigencia colectiva no le reconocen suficiente veteranía para ser presidente. Varios de sus estrategas, incluido Francisco Javier García, han renunciado a su equipo de campaña.

            El PLD impulsa su candidatura para enfrentar el huracán de acusaciones judiciales por alegada corrupción contra casi todos los funcionarios del círculo íntimo del expresidente Medina y también sus hermanos y cuñados.

Leonel

            Fernández dividió el PLD en 2020 ayudando al triunfo del PRM. Ha recibido un trato casi como aliado, incluyendo consideraciones y favores políticos de envergadura, entre ellos el desentendimiento oficial de la persecución judicial de allegados suyos.

            Tras tres presidencias con logros materiales, avances institucionales y grandes escándalos por corrupción, Leonel busca una cuarta presidencia sin preferir su potencial estatus como “elder statesman”, demostrando ser un político profesional cuyo negocio es el poder y el partidismo. Lleva dos divorcios y tiene tres hijos.

            Ha transcurrido casi un tercio de siglo desde que fue candidato vicepresidencial de Juan Bosch en 1994. Cumple 70 años este diciembre imitando a Bosch y Balaguer, eternos aspirantes presidenciales hasta ser vencidos por la demencia uno y la muerte otro.

            Leonel posee la mayor tasa de rechazo del electorado. Con su minúscula FUPU sin representación en la mayoría de los municipios y más presencia mediática que su real peso político, Leonel apuesta a alianzas –negociando cualquier cosa excepto renunciar a ser candidato presidencial—para tratar de competir con el puntero Abinader.

Abinader

            Si los lemas de campaña escogidos por Luis para su reelección, la honestidad y la decencia, motivan suficientemente al electorado, a la oposición le será muy difícil alcanzar la ventajosa superioridad del presidente que muestran todas las encuestas. La mayoría joven, que no había nacido cuando Leonel gobernó por primera vez, castigó al PLD en 2020 por las denuncias de corrupción y prefirió a Abinader.

            La honestidad y decencia personal son pilares de su popularidad, pese a tres enormes macos que son: 1) el fracaso de las EDEs que empaña logros del sector eléctrico en la generación y transmisión; 2) el estado penoso de la educación pública; y 3) la ineficacia de fiscales empeñados en lawfare sin lograr avanzar en los juicios por corrupción.

            Luis nació el 12 de julio de 1967, está casado desde 1995 con Raquel Arbaje y tienen tres hijas. Al abandonar al PRD en 2014, fundó y lidera, junto al expresidente Hipólito Mejía, al PRM, continuador del partido de su padre José Rafael Abinader, la Alianza Socialdemócrata Dominicana (ASD). Según Bloomberg es el presidente latinoamericano con mayor patrimonio personal legítimo, unos US$75 millones en 2020, sin nunca haber ostentado antes cargo público alguno.

            Luis atribuye al poder de la honestidad logros del gobierno piropeados internacionalmente, como preservar la estabilidad con crecimiento, mantener al país abastecido sin escasez durante la crisis internacional por la pandemia china y la guerra rusa, y bajar la inflación de 10.5% en julio de 2021 a 3.95% en julio del 2023, con exitosas políticas monetarias y fiscales que ahora le permitirán aumentar la inversión pública para acelerar el crecimiento del Producto Interno Bruto.

            Son tres candidatos muy diferentes entre sí.

José Báez Guerrero

Abogado, escritor y periodista dominicano.

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