
Mañana termina junio y en Santo Domingo no se ha visto el despliegue de celebración del “orgullo gay” que era usual cuando la embajada estadounidense dedicaba más recursos, esfuerzos y atención a la agenda LGTBQ+ que a cuestiones de igual o mayor relevancia.
Ese y otros manejos del pródigo bolsillo de la hoy extinta USAID ponían de manifiesto la subvaloración de nuestra cultura por parte de ignorantes extranjeros y sus amiguitos criollos.
A los dominicanos, por mezquinas razones, aparte del asunto de los derechos de todas las personas, no sólo los homosexuales, nos querían presentar como racistas u homofóbicos, incluso imposiblemente más que nuestros vecinos haitianos, cuyo Estado nació en medio de un terrible baño de sangre que costó la vida a todos los colonos blancos.
La injerencia deformadora de la realidad llegó al extremo de dar por ciertas espurias e infundadas denuncias de esclavismo, usadas como excusa para perjudicar exportaciones nuestras para presionar por la cuestión de la migración ilegal de haitianos.
Tras el cambio de Gobierno en Washington, sin embargo, la notable mejora de la relación diplomática tiene comoquiera sus bemoles, desde una insólita validación de las aspiraciones políticas de Alofoke, tema que merece mayor análisis que esta mención de pasada, hasta la inestabilidad que provoca la incertidumbre sobre cómo los humores en la Casa Blanca afectarán cada día el comercio internacional y el equilibrio geopolítico.
Los chinos quizás sonríen cuando los países chiquitos decimos que vivimos tiempos interesantes. Al menos hoy, aquí las fotos de la embajadora con Alofoke incordian menos que los arranques y pretensiones de la pareja de Wally y sus fiestas de piscina.
Quizás son mejores tiempos…
