
El debate político criollo es insípido e inconsecuente por las mismas razones que tenemos tantos bachilleres y graduados universitarios con graves deficiencias de lecto-escritura, por no llamarles analfabetas funcionales o silvestres titulados adánicos.
¡Y muchos son funcionarios de ahora o de antes! El criterio, la capacidad de juzgar las cosas con discernimiento para aproximarnos a la verdad, debe comenzar a formarse en la educación básica.
Sin el fundamento cultural que ofrece el acervo de más de cuatro milenios ejerciendo la sesera, cada nuevo problema o situación será enfrentado por temerarios facultos con igual entusiasmo e ignorancia que el esposo de Eva.
Y el resultado siempre será perder el Paraíso. Quizás es mala comparación porque el mito adánico es religioso, no científico. He aquí otra raíz del problema.
No es la religiosidad o espiritualidad, sino la manera de procurar explicaciones que sustenten las creencias.
Creer en Dios es simple y sencillamente un acto de fe, de amor por el prójimo (más real y próximo que la humanidad) y de humildad ante la vastedad incomprensible de la creación.
Para todo lo demás está el método científico: observamos, formulamos hipótesis comprobables por experimentación metódica que pueda replicarse con iguales resultados y, al aplicar razón lógica, arribamos al conocimiento y corrección de erradas creencias anteriores.
Hasta ahora, con la excepción de pocas verdades reveladas divinamente, es la mejor manera de mejorar el conocimiento y ejercer el criterio.
Nuestro país a veces asemeja un club de ufólogos, cuya creencia en platillos voladores los lleva a invertir la ciencia, dando por cierta su ficcional, pero posible hipótesis para entonces apalancarla con data incierta, anecdótica, mítica o indemostrable.
Por eso parecemos los locos del pueblo que discuten en el parque sobre extraterrestres en vez realidades más fáciles de probar.
Nuestros innegables crecimiento, estabilidad y progreso demuestran que Dios y Tatica nos cuidan. ¡Somos un milagro!
