
El 17 de agosto de 2028, el expresidente se sentará a la mesa con su bella familia y podrá decirles que cumplió su palabra (al menos con su esposa e hijas) y que tras ocho años intensos y fructíferos podrán compartir más tiempo juntos.
Desde meses antes, muchos de sus nuevos y viejos amigos habrán buscado algún acomodo con la nueva situación, allegándose a quienes cortan el bacalao, según la vieja tradición electoral dominicana.
Algunos estarán obligados por sus circunstancias, financiera y jurídicamente distintas al 16 de agosto de 2020, a tratar de pactar hasta con el mismito Colita para evitar las carreritas que quizás querrá darles quien haga las veces de Yeni Berenice, designada por el nuevo jefe de Estado, sea perremeísta o de otro partido.
Entre esos, muy pocos difícilmente seguirán leales. La campaña electoral habrá dejado al país extenuado de tanto partidismo y crispaciones, sobre todo porque estará casi agotada la posibilidad de continuar financiando subsidios y supernumerarias nóminas estatales con financiamiento externo, aumentos de impuestos o emisiones de dinero.
Empresarios que Luis juraba que eran muy suyos lo decepcionarán, cumpliendo su deber de fidelidad a sus negocios, patrimonio y necesidad de estar “pegados”.
De repente, muchos tuertos verán lo que antes no veían. Todo cambiará para seguir igual. Los mismos coros y orquestas tocarán la música que el dueño del banquete desee que bailen sus invitados.
Muchas de las pequeñas o grandes bellaquerías, inconsecuencias, incumplimientos y demás inevitables atrabancos de cualquier gobierno, servirán de excusa para la traición o la confirmación del talante de cada cual.
Muchos políticos desconocen que la amistad se basa en afecto desinteresado, que sólo existe entre gente que comparte valores como el respeto, la honradez y leal confianza recíproca.
Creo penoso que para saber realmente quiénes son sus amigos, no socios, subalternos, correligionarios o favorecidos, quizás Luis deba esperar dos muy cortos años. El tiempo, como ruedas de molino, aplasta todo lo endeble.
